La exportación, pilar económico de futuro.

La exportación sigue batiendo records. En los primeros cinco meses de 2016 las exportaciones alcanzaron los 103.000 millones de euros lo que significa un crecimiento del 4,3% sobre el mismo periodo de 2015 y la cifra más elevada de la historia.

Como es sabido nuestro principal mercado es el resto de la Unión Europea (67% del total) donde nuestras ventas crecieron un 5,5%. De las destinadas al resto del mundo cabe destacar los crecimientos de las exportaciones a nuestro vecino del Sur, Marruecos (16,5%), a la confiable Chile (14,5%) y, por su relevancia como grandes mercados mundiales, a China (13,4%) y a Estados Unidos (3,3%).

La exportación mantiene una progresión continua y así su peso sobre el PIB ha ganado más de diez puntos en sólo seis años (del 22% del PIB en 2009 al 33,1% en 2015) alcanzando un nivel de participación de un tercio de la economía, parecido al de países con un PIB similar como por ejemplo Canadá (31%) o México (35,3%).

Parece que se ha podido sustituir de manera satisfactoria la pérdida de peso del sector de la construcción por el de la exportación gracias a que durante la recesión, por pura supervivencia, las empresas españolas miraban hacia los mercados internacionales como tabla de salvación y buscaban desesperadamente ventas y proyectos en el extranjero que paliaran la caída de la demanda interna.

Una vez que desde el punto de vista económico la recesión ha terminado y el consumo en España empuja el crecimiento, no podemos ser complacientes y hay que seguir insistiendo en la expansión internacional, no ya por inmediata necesidad perentoria si no como estrategia de futuro porque estamos todavía lejos de la situación de otros países comparables como Corea del Sur (45,9%) o de la locomotora europea, Alemania, para quien sus exportaciones van camino de convertirse en la mitad del PIB (46,9 %)

Tenemos todavía una insoportable tasa de desempleo y la exportación puede generar muchos puestos de trabajo cualificados. Conseguir llegar a unos niveles parecidos a los de Alemania en el medio-largo plazo es perfectamente posible si mantenemos la progresión actual.  Para ello y teniendo en cuenta el entorno de una economía global, hay que apostar por crecer en exportaciones de productos con valor añadido y mayor contenido tecnológico que puedan competir por calidad y comodidad para llegar al cliente final, por ejemplo, a través de comercio electrónico.

También hay que facilitar que crezca el número de empresas que exportan. En realidad, salvo para actividades muy locales, todas las empresas deberían tener entre sus planes de trabajo un apartado para la expansión internacional.

Otra variable a impulsar es la diversificación geográfica. Porque siendo fundamental nuestro mercado europeo, los polos de rápido crecimiento de la economía mundial están en los países emergentes donde los productos españoles tienen todavía poca presencia.

En definitiva, la exportación debe convertirse de manera estable y permanente en una parte esencial de la política económica de las administraciones públicas y de los planes estratégicos de las empresas de cualquier tamaño.

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